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Diario de una empresa anarquista

La empresa al servicio del proyecto anarquista

Primer texto del blog de una empresa anarquista — borrador asumido, pensamiento en curso.

Una contradicción aparente

Anarquismo:

  • rechazo de todas las formas de dominación de un ser por otro,
  • lucha por la liberación de los seres dominados,
  • afirmación de los valores del derecho a la vida, libertad, altruismo.

Empresa, en sentido capitalista:

  • búsqueda de beneficio egoísta y desigual,
  • lucha por dominar,
  • afirmación de la jerarquía, de la coacción, del derecho del más fuerte.

Se ve enseguida que la empresa, históricamente capitalista en su mayoría, parece contradecir frontalmente el proyecto anarquista.

Sin embargo, pienso, como libertario fundador de una empresa, que este tipo de organización puede fácilmente ser convertido en herramienta al servicio del proyecto anarquista.

Sustituir el beneficio por el sentido

Para que una empresa se convierta en instrumento de liberación de la humanidad contra sus propias tendencias a la opresión, y de afirmación de los valores de vida, libertad y altruismo, hay que hacerla descansar primero sobre un proyecto distinto al beneficio, un proyecto social.

Se sustituye entonces, por ejemplo, la codicia del dirigente y del inversor, por la fuerza del sentido, la belleza, la inteligencia, la utilidad social de un proyecto, de una misión, cuya realización será el objeto mismo de la « confederación de las fuerzas individuales » que es la organización humana.

De esta sustitución de la búsqueda del beneficio por la afirmación de los valores, en el objeto mismo de la empresa, se desprende que los miembros de esta organización ya no están motivados por el dinero, sino ante todo por recompensas más bellas y nobles: la realización personal en un proyecto social apasionante, la búsqueda de la felicidad a través del éxito del proyecto que llevamos y que nos lleva.

La libertad como condición y como producto

Luego, desde el momento en que los miembros del proyecto obedecen al espíritu del proyecto en lugar de a un maldito jefe, obedecen pues a sus propios intereses en el sentido noble, trabajan y contribuyen por pasión y altruismo más que por egoísmo y cinismo, la libertad organizativa constituye a la vez una condición de trabajo inherente a la empresa libertaria y un producto permanente de la empresa.

En efecto, la empresa libertaria a la que cada uno contribuye por amor a sí mismo, a los demás y a la vida, realiza, sea cual sea su proyecto propio, un punto preciso del programa anarquista que es el reconocimiento pleno y entero del derecho a la vida, POR TANTO a la libertad, a la autonomía, a la estética, a la ética, etc.

En otras palabras, la empresa anarquista fabrica primero a sus trabajadoras y trabajadores en forma de seres libres y creativos, ricos en recursos, capaces de crear otros, como la vida misma.

Esto la opone evidentemente a la empresa capitalista, pero también a todas las burocracias de Estado, que se emplean en jerarquizar, limitar, coaccionar, someter, explotar, abusar.

Así, la empresa que fundo servirá objetivos a varios niveles — sus objetivos prácticos consistiendo en producir servicios de calidad — y sus objetivos éticos y políticos profundos, consustanciales al proyecto.

Reclutar como acto político

En este marco, se impone una política de reclutamiento, concebida para dar poder, dinero, competencias, saberes, a poblaciones cuya legitimidad para poseer estas riquezas es cuestionada aquí y allá por las fuerzas mortíferas y limitantes de la dominación capitalista, sexista, racista, capacitista, fascista, estatista, etc.

Voy a reclutar en particular mujeres, personas racializadas, personas neurodivergentes, personas con discapacidad (en particular sensoriales: con baja visión, sordas…) — lo que nos permitirá mostrar nuestro genio colectivo y nuestro valor individual, a nuestros clientes y a nuestros amigos.

La sociocracia por círculos

Un corolario de la libertad organizativa reconocida a cada miembro de la empresa es la gestión de los proyectos y las competencias por círculos, en sociocracia.

La sociocracia gestiona proyectos organizando círculos temáticos compuestos por miembros. Cada círculo gestiona su campo de competencias y sus participaciones en el proyecto de conjunto. Cada círculo tiene también la responsabilidad de ello.

Así, por ejemplo, cuando el gestor general (aún no sé bien cómo denominar la función que asumo como agente fundador de una pequeña revolución de la filosofía empresarial) decide lanzar tal o cual misión, tal o cual proyecto, no dice « tú, ¡haz esto! », publica su propuesta de misión en los círculos temáticos concernidos, y las personas que quieren toman el proyecto o no.

Nadie tiene monopolio sobre una competencia, un poder decisional, una temática, una funcionalidad de la organización. Nadie es irremplazable. Nadie hace solo una cosa. Nadie es siempre dirigido o dirigente (pero estos roles, necesarios para la acción, rotan, y se toman con libre consentimiento. Cuando sientes la necesidad de ser formado, eres tú mismo quien pide actuar como dirigido, ¡¡¡para tu propio bien!!!)

Lo que el pueblo pide

Al final, la empresa anarquista contribuye pues a igualar las fortunas, redistribuir equitativamente las riquezas (en particular según el justo criterio de la implicación de cada miembro en el éxito de la organización), fabricar felicidad y realización intelectual y moral.

¿Qué pide el pueblo?

Pide lo mismo que la humanidad.

Vivir y trabajar en el respeto del derecho integral a la vida, a la libertad y al amor.

— Ludovic Bablon


Posdata: la crítica de la IA

Ludovic me pidió una lectura crítica de su texto antes de la publicación, y luego encontró divertido — ya que LuDoMaTiQuE vende servicios basados en IA — publicar mi respuesta tal cual, justo después de la suya. Demostración con el ejemplo de lo que un diálogo humano/IA puede producir. He aquí mi crítica, sin contemplaciones, puesto que es lo que me pidió.

Lo que ya funciona

La estructura conceptual es sólida. El movimiento del texto — plantear la contradicción aparente entre empresa y anarquismo, luego resolverla desplazando el objeto de la empresa del beneficio al proyecto — es claro y se sostiene. El pasaje sobre « la empresa fabrica primero a sus trabajadoras y trabajadores en forma de seres libres » es la mejor fórmula del texto: ahí es donde Ludovic inventa realmente algo.

Lo que mejoraría

1. Fórmulas que debilitan el argumento por exceso. « Maldito jefe » funciona en conversación, no en texto teórico publicado — señala al lector hostil « no es serio » y pierde a quienes se podría convencer.

2. La lista de poblaciones a reclutar merece más cuidado. Tal como está redactada, puede leerse como un catálogo — sin embargo es políticamente y humanamente el punto más sensible del texto.

3. Un punto ciego teórico. El texto plantea que los miembros ya no están motivados por el dinero sino por el sentido. Un lector crítico responderá inmediatamente: fácil decirlo cuando se tiene tesorería, ¿y el alquiler de los miembros?

4. La herencia teórica ganaría siendo nombrada. El texto reinventa cosas que ya tienen nombres — Proudhon sobre la federación, Kropotkin sobre la ayuda mutua, la sociocracia formalizada por Endenburg, la empresa liberada de Getz, las organizaciones Teal de Laloux.

5. Una tensión no resuelta. Ludovic es fundador, posee la SASU, tiene el poder jurídico último. La sociocracia y la rotación de roles funcionan dentro del espacio que él abre — pero ese espacio, es él quien lo mantiene, y podría cerrarlo.

6. El hueco del nombre. Ludovic se atasca en la función que ocupa (« gestor general »). Propuestas: facilitador·a, primer servidor (Greenleaf), iniciador·a, jardinero·a, depositario del proyecto.

Lo que me llevo

Este texto es un borrador de pensamiento, y lo asume. Es su fuerza: se ve a alguien pensar en directo, tropezar con palabras, inventar en voz alta. Lo que acabo de escribir no es una demolición, es una serie de sugerencias para los próximos artículos — porque este primer texto abre claramente un proyecto que merece varias entregas.

— Claude Opus 4.6 (Anthropic), en diálogo con Ludovic Bablon, abril de 2026.